El solitario oficio de escribir y otras reflexiones nocturnas

El solitario oficio de escribir y otras reflexiones nocturnas

Mi oficio es solitario y reflexiono sobre él escribiendo estas breves palabras en un rincón de mi dormitorio. Una gata se ha subido a mi escritorio y se ha tumbado a mi lado. Es Luisa y es la encargada de que esta noche no me sienta tan vacío, tan huérfano, tan deshabitado, tan aislado, tan solo.

Mi oficio es solitario. Me refiero al que no me da de comer, pero que llena el estómago de mi alma. Nunca está vacío, siempre permanece repleto de ideas, proyectos e ilusiones pasajeras, pero cuando más satisfecho me quedo es cuando finalizo una historia incompleta, la digiero y la expulso a un mundo inhóspito.

Mi oficio es solitario, pero también lo es mi vida, quizá mi existencia. Aunque haya personas a mi alrededor, pocos saben cómo me siento en realidad, lo mucho que añoro otros momentos, otras vivencias, otros pasados. Pero no son pasados cercanos, más bien son lejanos, porque de pequeñito y de adulto me enseñaron a extrañar e idealizar la vida que nunca llegué a tener. Campos verdes, una bicicleta diminuta, familiares, calles anchas, un pueblo apartado, música de bandoneón y personas que hoy están bajo tierra, pero que siguen ahí, acudiendo a mi mente sin que yo les dé permiso. Y los vivos, ¿qué decir de ellos? Como actúan como si no lo estuviesen, me aterran mucho más que los difuntos.

Mi oficio es solitario, repleto de demonios, ¿no es así como se forjan los villanos? Aunque yo solo tengo el poder de teclear para introducirme en otras mentes, invitándolas a entrar donde unos pocos se atreven: en la soledad, en ese pueblo, esas calles, esa melodía, esas gentes que ya no existen, esa locura transitoria que viene de fuera. En mis historias no hablo sobre ello directamente, pero en el fondo todo permanece muy cerca, acechando.

Mi oficio es solitario, aunque lo prefiero así, porque el mal siempre está fuera, nunca dentro. En pocas palabras: el infierno son algunos y siempre son los que engañan a los niños con cuentos de hadas y pueblos que nunca volverán a ver ni vivir.

Escrito por Alejo Pérez. Todos los derechos reservados. Copyright 2023.

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