Una novela sobre gatos reales en un mundo fantástico

libro sobre gatos fantasia aventuras
Disponible en e-book y tapa blanda

Acompaña a las hermanas gatunas de Auri en la búsqueda de una cola para él en un mundo de fantasía plagado de seres de lo más disparatados y siniestros. Quizá para triunfar, tengan que viajar en el tiempo…

Un libro para los amantes de los gatos y todos aquellos que disfrutan con las novelas de aventuras con animales como protagonistas

Sinopsis: esta es la historia de seis gatas y un gato que viven en un piso y, un buen día, deciden regalarle una cola a su hermano con motivo de su decimotercer cumpleaños ya que él no tiene una porque la perdió cuando tenía cinco años. Para ello, viajarán a un mundo de fantasía, recorriéndolo de arriba a abajo, luchando contra su destino, pero también contra el tiempo y sus miedos más profundos. Además de lo anterior, conocerán seres de lo más extraños, siniestros o surrealistas y tendrán que aliarse con ellos o esquivarlos para salir indemnes. Y lo mejor de todo es que todas las gatas tienen sus personalidades características y algunas de ellas jugarán un papel fundamental en la historia.
¿Conseguirán su objetivo o, por el contrario, volverán a casa sin el anhelado regalo para su hermano?

¿Quieres conocer a los gatos que aparecen en este libro?

Ceniza

De carácter independiente.

Le gusta dormir en lugares donde nadie la pueda ver.

Es la única que nació en la casa donde viven actualmente.

Cuando tenía cuatro años la tuvieron que operar de la barriga porque se tragó un muñeco de goma.

Frida

Es una gata muy cariñosa y simpática,

pero solo con sus papás. Cuando vienen extraños, se esconde horas y horas hasta que se marchan.

La última en llegar,

por lo que es la más joven. Es la gata que salta más alto de la casa.

Solo acepta que la peinen en la peluquería.

Si tus movimientos son algo bruscos, se aleja a toda velocidad. Es la más asustadiza de todas.

Isis

La penúltima en llegar

y desde el primer día quiso conocer a sus hermanas y hacerse amiga de ellas (y él).

De complexión corpulenta y musculosa,

no suele saltar mucho, pero sabe hacerlo cuando le interesa o le conviene.

No le gusta que la cojan y la sostengan en el aire.

Odia las puertas cerradas.

Auri libro sobre gatos

Auri

El único macho de la casa.

A veces es un chulo con sus hermanas, pero cuando le conviene, sabe sacar su lado más amable y cariñoso.

Es el campeón en maullidos, dar cabezazos y tomar agua.

Perdió la cola a los cinco años.

Luna

Es un amor de gata,

pero a veces se pelea con su hermano porque este quiere desafiarla cuando se aburre.

Cazadora veloz cuando quiere.

Cuando vivían en otra casa y podía salir al bosque, cazó un conejo. Aunque no te conozca, te vendrá a saludar y dejará que la acaricies sin problema.

No tiene buena dentadura

y ya le han quitado varios dientes. Por eso siempre prefiere la comida blanda, aunque al pienso y las chucherías de pescado no les hace ascos.

Luisa

Quiere ser la reina de la casa,

pero siempre tiene que vérselas con Ceniza, la única que no le pasa ni una.

Hace un círculo con su cola

y a sus papás les hace el famoso «caballito».

Es muy celosa

y si algún gato se acerca cuando está con sus papás, suele darles un buen bofetón o un mordisco.

Tsumi

Su nombre viene de los Tsum Tsum de Disney.

Nunca ha tenido que ir al veterinario.

Es la mejor cazadora de la casa.

Hasta hace un año era muy delgada,

pero ha cogido algo de peso. Aún así, ella es muy coqueta y es la más independiente. A veces tiene tos, fruto de las bolas de pelo que se le crean en el estómago.

Disfruta del comienzo de esta novela:

En aquel momento estaban en medio del salón, discutiendo el asunto entre las seis, junto a una de las sillas que había junto a la mesa negra de cristal. Algo alejados, pegados a las paredes de rayas blancas y negras, estaban los sofás de piel clara repletos de rasguños, ya que a las gatas les encantaba afilarse las uñas en ellos. Y aunque sus papás habían colocado un rascador-esquinero en unos de aquellos sofás, ellas (y él) seguían afilando sus garras por aquí y por allá, sobre todo en los reposabrazos.

 Frida se había quedado un poco al margen con su clásica postura panza abajo con las patas delanteras y traseras estiradas. No quería entrometerse en los asuntos de los mayores y esperaba con impaciencia saber el veredicto final. Mientras tanto, su mamá humana le hacía fotos con su teléfono y se reía de ella con cariño.

—No sé si le va a hacer ilusión recuperar su cola —dijo Luisa frunciendo el ceño—. Llevo con él toda mi vida y en privado nunca me ha comentado que la eche de menos. Aunque luego lo veo siempre rascarse el culete, sobre todo en verano. Supongo que a veces le molesta. Pero en cuanto al equilibrio no veo que le haya afectado nada, es igual de ágil que siempre.

Las demás sonrieron y asintieron con la cabeza.

—Bueno, de todas formas, si la recupera, seguro que se pone contento —añadió Isis mirando a las demás—. Como es tan orgulloso, seguro que no se atreve a decir que le gustaría recuperarla.

—En eso te doy la razón —dijo Luisa.

—Fíjate en nosotras y míralo luego a él —siguió Isis—. Un gato sin cola nunca puede ser un gato completo. Porque él una vez la tuvo, o eso me contasteis, porque yo aún no había nacido y no pude verlo. Y no sé… A veces, aunque no lo pidamos, cuando nos regalan algo, siempre nos hace ilusión.

—Es cierto —añadió Luna—. Si no, fijaos cómo nos ponemos siempre que nos traen esas barritas de chuchería tan ricas —dijo relamiéndose.

—Y encima el cumpleaños de Auri es dentro de poco, ¡una razón más para regalársela! —exclamó Ceniza asintiendo con la cabeza—. Vamos, supongo que lo es, porque nadie lo apunta en un calendario cuando nacemos, ni siquiera se saben el mío, que nací en esta casa, imagínate él, que viene de una granja, o eso nos contó.

—Vaya líos te montas —se quejó Luisa, agobiada, mirando hacia el techo.

—Qué pesada te pones a veces, en serio, ¿quieres dejarme en paz? —dijo Ceniza sacándole la lengua, y Luisa le bufó. Ambas se separaron unos centímetros.

—Yo últimamente no lo puedo ni ver, pero vale, acepto —dijo Luna—.  Es uno más del grupo y de la casa, y si todas estamos de acuerdo, podemos hacerle ese regalo si con eso cambia y se vuelve más bueno conmigo y con todas en general —agregó, girando la cara hacia Frida.

—Ya, ya, vas de dura, pero luego bien que os he visto a los dos durmiendo juntitos —replicó Tsumi.

—Porque me interesa y a veces parece otro gato, solo a veces —contestó Luna bostezando.

—Chicas, creo que, si vamos a hacer todo esto, lo mejor es estar unidas —dijo Isis mirando hacia Frida que seguía con su peculiar postura.

—Por mí perfecto, me encantan las aventuras y cazar lo que se me pase por delante —agregó Tsumi con su sonrisa afilada.

—¿Vas a dejar de mirarme así o qué? —le dijo Luisa a Ceniza mientras se lamía la pata y la miraba de reojo—. Aún recuerdo cuando me rajaste el ojito, guapa.

—¡Ya estamos otra vez! ¡Fue sin querer! ¿Cuántas veces voy a tener que repetírtelo? —protestó Ceniza mirándola fijamente—. Y, oye, al final no te pasó nada. ¿No nos contaste que el veterinario dijo que los gatos éramos especiales con las heridas?

—¿Y Auri sabe algo de todo esto? —preguntó Luna girando la cabeza y buscándolo por el salón.

—No, es una sorpresa por su cumpleaños número trece —les recordó Isis.

—Se dice decimotercero —le corrigió Luisa sonriendo.

—¿No es decimoterciavo? —preguntó Ceniza.

—No, tonta, lo escuché una vez mientras hablaban nuestros papás —replicó Luisa.

—Pues ya está —dijo Isis—. Dejaos de chorradas y luchemos por una misma causa. Valoremos aquello que nos une y no lo que nos separa.

—¿Y Frida qué? —preguntó Ceniza con los ojos abiertos de par en par como una lechuza.

—No sé si nos va a ser útil esa —dijo Luisa mirándola de reojo.

—¿Sabéis por qué la llaman Pepa? —preguntó Tsumi riendo.

—Todas tenemos motes. Y os decía que no sé si nos va a ser útil porque es muy inocente y cobarde. Creo que lo mejor será dejarla en casa, que, si luego le pasa algo, seremos todas responsables.

—De todas formas, ni ha venido a hablar con nosotras —dijo Ceniza mirándola con desdén.

—Porque respeta a los mayores cuando se reúnen —aclaró Isis—. Lo sé porque soy con la que más habla.

—Pues a ver si la convences —dijo Tsumi—. Que con los saltos que pega seguro que nos puede servir de algo. Si yo pudiese saltar así de alto, cazaría el doble o el triple, os lo juro.

—Calla, calla, que Isis ni siquiera da un solo bote —dijo Luisa riéndose, y las otras le copiaron.

—¿Ah?, ¿no? Eso es porque no me habéis visto bien. Además, estos músculos no los tiene nadie de la casa, ni siquiera Auri —dijo ella caminando alrededor de sus hermanas y contoneando el trasero.

—¡A comerrr! —gritó su mamá agitando el táper del pienso.

Y ahí acabó la conversación, ya que todas, incluido Auri, se pusieron a maullar y rodear las piernas de su mamá. Como siempre, Auri se acabó primero la comida e intentó robarle un poco de pienso a la que estaba al lado. Y Luna, como era la que más lento devoraba, le daban la comida encima de la mesa para que ninguno de los otros se la robase. En esa ocasión, nadie pudo quitarle nada al de al lado porque la mami estaba cerca de ellos vigilando.

Al acabar el almuerzo y llenarse las barrigas, Auri se marchó a tomar un poco el sol a la terraza y las demás se volvieron a reunir en el centro del salón.

—¡Frida! Venga, ¡vente! —le gritó Ceniza. La gata persa agachó la cabeza y se acercó al grupo.

—A ver, el plan es este —dijo Isis paseando la mirada entre todas ellas—: los gatos vecinos…

—¿Qué? ¿Te hablas con esos? —preguntó Luisa algo ofendida.

—Sí, ¿qué pasa?

—No se los ve gatos de fiar. Siempre mirando por la ventana con aires de superioridad y poniendo caras raras —contestó Luisa.

—A ver, deja que nos explique el plan, que después de comer siempre me da sueño —dijo Luna bostezando.

—A ti y a todas —añadió Ceniza, bajando la cabeza.

—A ver, sigo con la explicación: el gato vecino, el que es como Luisa, pero en macho, me dijo que la forma más fácil de salir de una casa es a través de un espejo.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —preguntó Luisa algo molesta—. ¡Y que sepas que como yo no hay nadie igual!

Las demás rieron por lo bajo al escuchar aquello.

—Sí, eso me contó. Porque por la puerta es imposible irnos, y no nos pueden llevar a ninguna parte en transportín, solo tienen dos en toda la casa, ya me dirás tú, si algún día hay alguna urgencia, dónde nos meten. Y encima no podemos decirles qué queremos, no nos entenderían. Esta es una misión solo para gatos.

—Es verdad, pero también tienen la mochila esa transparente, ¿la recuerdas? —dijo Isis—. Es con la que se llevan a Frida a la peluquería. Ahí me daría igual ir, pero al sitio ese tan horroroso no.

—Sí, el veterinario. No te atreves ni a decir el nombre, miedica —dijo Luisa relamiéndose, ya que aún le quedaba el sabor del delicioso pienso de pavo en la boca.

—Y eso del epejo, ¿cómo funciona? —preguntó Frida sin mirar a las demás, solo a Isis.

—Se llama espejo, tonta —espetó Luisa—. Es lo que usan los humanos para mirarse y ponerse guapos. A nosotras, como siempre estamos bien peinadas, no nos hace falta mirarnos tanto. Bueno, a ti sí porque eres muy peluda.

—A ver, ¿le vais a dejar explicarnos eso o qué? —las riñó Tsumi.

Las demás asintieron y callaron. Isis prosiguió.

—Según me dijo él, cada día uno de cada mes a las una y once de la madrugada, en uno de los espejos de la casa, se abre un portal dimensional hacia el lugar que tú elijas. O eso es lo que recuerdo —dijo rascándose la oreja con la pata trasera.

—Yo creo que te dijo eso para tomarte el pelo —rio Luisa.

—¿Seguro que lo que te contó es verdad? —preguntó Luna con los ojos bien abiertos. Se le había quitado el sueño de repente.

—Sí, el gato vecino me dijo que él también lo usó para ayudar a uno de sus hermanos y le fue bastante bien, ya que su vida cambió desde ese mismo momento.

—Claro, claro, y no sabes ni cómo se llama.

—Solo nos conocemos de vista, y paso de andar con presentaciones tontas. Bastante que hablé con uno de ellos. Los otros solo miran y no me contestan cuando les hablo o les saludo.

—Lo veo peligroso, pero como me gusta el riesgo… Podéis contar conmigo —dijo Tsumi asintiendo con la cabeza y mostrando aquellos dos colmillos afilados que casi siempre le sobresalían de la boca.

—Pongamos que eso es cierto. ¿Qué es lo que pasa si estamos delante del espejo a esa hora? No vamos a conseguir nada así como así —le recriminó Luisa.

—Cuando hayamos averiguado cuál es el espejo que funciona, hay que ponerse delante de él y decir o pensar qué queremos conseguir al otro lado. Solo así nos mostrará el camino —explicó Isis.

—¡Vaya tontería más grande! —exclamó Luisa.

—No sé, no sé —añadió Ceniza.

—Chicas, ¿y si funciona? —dijo Isis dando un paso al frente.

—¿Y cómo volvedemos?, ¿eh? —preguntó Frida con miedo.

—Sí, lista, ¿a que eso no lo habías pensado? —preguntó Luisa algo molesta.

—El portal dimensional permanece abierto de la una y once hasta la una y once.

—¿Del mediodía o de la madrugada? —preguntó Luna.

—De la madrugada del día siguiente. Pero solo tenemos tiempo hasta las nueve, que es cuando ellos se despiertan —dijo Isis mirando hacia la cocina donde su mamá se estaba preparando un café. El olor comenzaba a salir de la cafetera y llegaba hasta ellas.

—¿Solo tenemos ocho horas para cumplir la misión? —preguntó Tsumi, inquieta.

—Hombre, lo veo lógico —dijo Luna—. Si no volvemos a las nueve o antes, se darán cuenta de que no estamos y se preocuparán por nosotras.

—Sí, imagínate, de repente seis gatos menos —exclamó Isis con cara de circunstancias.

—¿Seis? ¿Yo también? —preguntó Frida asustada, colocando el rabo entre las piernas.

—Oye, guapa, si no te apetece venir, no vengas. Nosotras solitas nos arreglamos sin ti —dijo Luisa con desdén.

—Frida, no obligamos a nadie, ven si te apetece de verdad —le informó Isis—. Cada una de nosotras tiene algo único, y entre todas será más fácil cumplir la misión.

—¿Ah?, ¿sí? ¿Qué tiene esa de especial? —preguntó Luisa riendo mientras Ceniza la miraba de arriba a abajo.

—Ya lo comentamos antes —dijo Luna con tono molesto—. Frida es la que sabe saltar más alto, y las demás pues… Tenemos lo que tenemos. Cuantas más, mejor, ¿no?

—Perfecto, venga, me apunto, quiero un poquito de acción en mi vida —dijo Tsumi mirando hacia otra parte porque le pareció ver a una mosca revoloteando—. Ya me bastó con que me obligasen a quedarme dentro cuando vivíamos en aquella casa al lado del bosque.

Luisa y Ceniza se miraron entre ellas y comenzaron a reír. Luna las miró y negó con la cabeza.

—Lo dicho —siguió Isis—. A la una y once o un poco antes os quiero a todas cerca de la entrada para ver si el portal está en el espejo del pasillo o en el del baño.

—Yo creo que he visto un espejo en el estudio… —dijo Luisa.

—Ese no está colgado y, además, está roto —le informó Luna—. Lo sé porque siempre estoy dentro, en mi almohada favorita.

—¡Mimada! —gritó Luisa.

—¡Duquesa! —le gritó Luna retrocediendo unos pasos y entrecerrando los ojos.

—¡Chicas! ¡Haya paz! —gritó Isis—. Si vamos a hacer esto juntas, tenemos que prometer que no nos pelearemos entre nosotras mientras dure la misión.

Todas las gatas se miraron entre ellas y finalmente asintieron con la cabeza.

—Supongo que puedo estar ocho horas sin meterme con ninguna —dijo Luisa mirando hacia otra parte.

—A mí no me miréis, siempre voy a mi rollo —dijo Ceniza.

—Yo estoy en paz con todos, son los demás los que siempre me molestan —dijo Luna bostezando—. Sobre todo, a la hora de comer. Pesaditas, que sois unas pesadas.

—Es que eres más lenta… —resopló Luisa.

—Yo nunca me meto con nadie, así que no tengo que prometer nada —dijo Frida asustada mientras se tumbada panza abajo con la barriga en el suelo. Aunque en aquella ocasión no estiró las patas traseras hacia atrás.

—¡Prometido! ¡Estaré en paz! —gritó Tsumi.

—Bien, entonces nos veremos esta noche a esa hora. Sed puntuales —asintió Isis.

Luisa, al escuchar aquello, rio.

—¿Qué pasa?

—Que has dicho lo de «nos veremos esta noche» como si no nos fuésemos a ver hasta esa hora. Te recuerdo que vivimos todas juntas en un piso.

—Ya lo sé, ya lo sé. Lo he dicho para que lo recordemos y no se nos vaya el león al cielo, o como se diga.

—¡Nos vemos luego! Voy a ver si doy una cabezadita en la almohada de la mami —dijo Luna marchándose a paso rápido.

—Yo me voy a tomar un poco el sol —dijo Tsumi yéndose hacia la terraza—. ¡Hasta después!

Y así todas se fueron a una parte distinta de la casa y Luisa se fue junto a su mamá a reclamar algunos mimos. Se restregó entre las piernas y le hizo «el caballito», que es como saltar restregándose junto a tu gemelo o espinilla.

Una cola para Auri es una novela que hará las delicias de pequeños, adolescentes, pero también adultos. Porque el compañerismo, la hermandad y el amor no entienden de edades.

Y ojo, porque en este libro, a partir de un momento dado, podrás elegir con qué grupo de gatas quedarte para seguir la aventura con ellas y, más tarde, podrás saber también lo que ocurrió con las otras mininas. Porque a veces es mejor dividirse para completar la aventura con éxito.

Hazte con el e-book o el libro en tapa blanda hoy mismo y acompaña a sus protagonistas gatunas a lo largo de esta trepidante historia.
 

¿Qué dicen los lectores?

¿Quieres ver tu opinión en esta web? Solo tienes que escribir una reseña en Amazon o enviarme un mensaje privado en cualquiera de las redes sociales 🙂 Escogeré las mejores y las publicaré por aquí.

Me ha gustado mucho tu libro. Lo encuentro muy bien escrito y mantiene la tensión todo el tiempo. Yo lo leí como una película, ¡así que disfruté el doble!

Marga Crego

Una cola para Auri

¡Me ha encantado! Una historia preciosa.
He rememorado el pasado, leyendo los libros de la colección «elige tu propia aventura».
¡Gracias!

IN Ugalde (Amazon)

Una cola para Auri

Me ha atrapado la historia con sus personajes y sus guiños a clásicos. He reído, llorado y sufrido con las protagonistas. Se hace muy ligera y amena la lectura y el detalle de poder elegir es un viaje a los tiempos en los que leía libros de “Elige tu aventura”. Totalmente recomendable e indispensable si eres fan de los gatos y de las historias de viajes en el tiempo y aventuras.

Adriana Rubio (Amazon)

Una cola para Auri

Acerca del autor

Alejo Pérez, escritor y creador de contenidos

En este novela nos ha querido hablar de sus siete gatos, creando una historia para ellos que los inmortalice y refleje sus distintas personalidades. ¿Quieres saber más sobre él?

libros terror fantasía Alejo Perez escritor

Una antología de cuentos de terror que te obsesionará y te dejará con ganas de más

Atrévete a adentrarte en un mundo de relatos donde lo inesperado, los fantasmas, lo surrealista y lo extraño o paranormal conviven y van de la mano. Y lo más importante: todos los cuentos están conectados por elementos o personajes en común… ¿Adivinarás cuáles son?

relatos de terror doce meses doce monstruos alejo perez